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4 mar 2015

Y dice el Cronopio...


Ilustración: Sara Fratini.


Puentes

Yo dibujo puentes para que me encuentres
Un puente de tela con mis acuarelas
Un puente colgante con tiza brillante
Puentes de madera con lápiz de cera
Puentes levadizos plateados, cobrizos...
Puentes irrompibles de piedra invisibles...
Y tu ¡Quien creyera! ¡No los ves siquiera!
Hago cien, diez, uno.. ¡No cruzas ninguno!
Mas como te quiero… dibujo y espero.
¡Bellos puentes para que me encuentres!


Elsa Bornemann, “El libro de los chicos enamorados”




25 jul 2014

No te quedes con alguien que te quiere.-

Cuando soy buena, soy muy buena…
… cuando soy mala, soy mucho mejor.
Mae West.
No te quedes con alguien que te quiere. Vete con la que cierra su corazón para amarte con medida. Las mujeres que aman aburren, empalagan, sus detalles sobran. Las que no quieren son mejores. El amor presiona. El cariño envuelve. Métete con alguien a quien no le importes. ¿Me dices que te gusta lo improbable? ¿Qué prefieres que te pisen y te maltraten? Entonces, no te metas con la que está pendiente, con la que le gusta tu presencia, con la que quiere que la quieras. Las mujeres que quieren son peligrosas, porque harían lo que fuera necesario para hacerte feliz. ¿Y quién quiere ser feliz? 
Por eso vete con la que no te quiere. Bueno, si es que quiere. Las que quieren son pacientes, el que verdaderamente quiere, espera. Y eso no significa nada. Las altas velocidades son normales en el mundo contemporáneo. Quédate con la que no te quiere. O mejor, quédate solo. Las compañías estorban y más cuando están dispuestas a ayudarte. No siempre hay que estar con alguien, y menos cuando te quiere. Esas son cosas de la televisión. Haz pasado mucho tiempo solo y quien dice que no puedes seguir haciéndolo. 
Nunca te quedes con alguien que te quiere. Nunca con la que trata de sacarte una sonrisa cuando estás triste. ¡Mira! Con esa no. No lo hagas, te estarías equivocando.


                                                                 María Cristina Ibarra


FuenteEl Blog de Matina

22 may 2014

Como ven tus ojos...


“Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo, y defino, y deseo esos ríos, ella los nada.
Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga.
Ese desorden, que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y del alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.
Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo.
Ah, déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.”
  
Capítulo 21, Rayuela. - #Cortazar.
 



31 dic 2013

One last wish...



Happy New Year



Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.


                                                         Julio Cortázar.-

17 dic 2013

La Mala Racha



Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción. 
                             El Libro de los Abrazos” – Eduardo Galeano.-

12 dic 2013

No es una guía actualizada de suicidios.



La vida es una montaña rusa. A veces lenta, a veces rápida, a veces subiendo, a veces bajando, a veces ninguna de la dos. El juego de la vida consiste en controlar esos rieles para tratar de que no vayan en bajada. Estudiar, trabajar, salir, conocer gente, crecer, casarse, tener hijos. Nada de eso es fácil. Una de las cosas que hace difícil la vida, en mi opinión, es la relación con las personas. Hay días que quisiera estar de acuerdo con todos, no ser tan sensible, ser más flexible, no tener diferencias, o simplemente no sentir o no tener que relacionarme con nadie. Suena a cosa de ermitaños ¿No? Pero, naturalmente no puedo. Si lo pienso mejor, no quiero. El sistema tampoco me deja y mi vida sería más difícil, paradójicamente.

Siempre estamos dependiendo de algo y por lo tanto de alguien. La autosuficiencia es una utopía y más en estos tiempos. Norberto Chaves dice: “Se ha universalizado el “prêt-á-porter” [...] el individuo ya no tiene que molestarse en producir nada; su actividad se limita, en el mejor de los casos, a escoger.” Y es así, siempre estamos necesitando de alguien, aunque sólo sea para escucharnos.
 
Wilson, de la película "Naufrago".-

Relacionarse y no tener diferencias también es una utopía. Algo está mal cuando no hay diferencias. Las relaciones perfectas son aquellas sinceras y en donde nos sentimos libres. Libres para expresar nuestros gustos y preferencias, nuestras reacciones, lo que pensamos, lo que sentimos. La confianza, la sinceridad, el respeto y la solidaridad son elementos importantes para que la cosa fluya.

Me he decepcionado cuando alguien que quiero traspasa esta línea. Cuando las cosas nos importan duelen más las heridas. Una amiga me decía que cuando a uno le gusta alguien deja de ser espontánea y calcula cada cosa, porque es una forma de escudo para que no duela tanto si la otra persona no actúa como uno espera o quiere. Lo ideal sería que siendo espontáneos podamos controlar la decepción, lo que llaman inteligencia emocional. ¡Que mierda!

Se necesita mucha grandeza y consciencia para despojarnos de algo que nos hace tan humanos como son los sentimientos. Tampoco es algo imposible. A los pocos se aprende a racionalizar y racionar lo que sentimos. Desafortunadamente (o no) la vida nos va haciendo cada vez menos espontáneos. Como si tuviéramos más miedo. Después de tanto caer, ya uno no quiere rasparse las rodillas.

Tengo, en un cuaderno que compré hace unos meses, un texto de Medina que me gusta y que leo como un mantra cuando estoy dando más de lo necesario. Dice así: “Cuando das más de lo que recibes, arriesgas el pellejo y luego no debes llamarte a engaños. Esto no significa que no debas amar. No es una guía actualizada de suicidios. Es sólo alguien que aprendió a ir despacio. Confiar es el peor crimen y el camino más fácil hacia el infierno. Esto no significa que no puedas confiar. Es sólo alguien a quien le partieron el corazón demasiadas veces en una misma noche”.

La vida parece más fácil cuando llevamos estos escudos, cuando vamos más lento y nos olvidamos de ser espontáneos. Mis rodillas tienen muchas marcas y cicatrices, pero eso es mejor que quedarme parada o tirarme del carrito de la montaña rusa. No quiero volverme una persona que calcule el número de abrazos y besos. ¿Qué ganamos quedándonos adentro cuando allá afuera hay un carnaval?
  
                                                                                Matina Martina.



Y como bien dicen, la imitación es la mejor forma de admiración… por supuesto no haré mía esta entrada que una vez más encontré en el Blog de Matina y quise compartir, no solo porque lo sienta cercano, sino verdadero.


2 sept 2013

El violín o la palangana?

Artista: Erika Kuhn

"De dónde le vendría la costumbre de andar siempre con piolines en los bolsillos, de juntar hilos de colores y meterlos entre las páginas de los libros, de fabricar toda clase de figuras con esas cosas y goma tragacantos. Mientras arrollaba un piolín negro al picaporte, Oliveira se preguntó si la fragilidad de los hilos no le daba algo así como una perversa satisfacción, y convino en que maybe peut-être y quién te dice. Lo único seguro era que los piolines y los hilos lo alegraban, que nada le parecía más aleccionante que armar por ejemplo un gigantesco dodecaedro transparente, tarea de muchas horas y mucha complicación, para después acercarle un fósforo y ver cómo una llamita de nada iba y venía mientras Gekrepten se-re-tor-cía-las-manos y decía que era una vergüenza quemar algo tan bonito. Difícil explicarle que cuanto más frágil y perecedero el armazón, más libertad para hacerlo y deshacerlo. Los hilos le parecían a Oliveira el único material justificable para sus inventos, y sólo de cuando en cuando, si lo encontraba en la calle, se animaba a usar un pedazo de alambre o algún fleje. Le gustaba que todo lo que hacía estuviera lo más lleno posible de espacio libre, y que el aire entrara y saliera, y sobre todo que saliera; cosas parecidas le ocurrían con los libros, las mujeres y las obligaciones, y no pretendía que Gekrepten o el cardenal primado entendieran esas fiestas.